viernes, 24 de diciembre de 2010

Razones para vivir

No llueve, porque seguramente es verano y como tal, no debiera llover por algún tiempo... sin embargo, conociendo el cambio climático, de seguro no me debiere sorprender la caída infausta de agua, y el frío. Pero tengo esa sensación en mi piel de como cuando es invierno, y tus huesos miden la humedad... no hallo objeto a que con la lluvia siempre venga un status reflexivo, intelectual, introspección de cada centro de mi ser, el humano, el trascendente, el emocional, el animal, otros... y vamos a lo mismo, a pensar y pensar, y volverme loca, trayéndome el frío y las gotas, el agua siendo el solvente universal se me antoja una argamasa cruel, veneno, lo que sea...

Salgo muy poco a la calle, no tengo ganas de ver gente, y sin embargo, sí quisiera escapar del encierro de mi hogar, huir, correr, ir hacia bosques como en cuentos, encontrarme con peligros oníricos, y capturar princesas, sólo como un deber cívico con el mundo de la fantasía... 

Y mis ojos están secos, como desiertos, mi vientre no puede doler más, mis manos no caen ya de lo débiles y me pregunto en qué estaba pensando cuando lo hice... si mi ser personal tan animal me domina tanto, que debilita a mis otras yo, las inutiliza, les resta derechos, se roba la película...reincidí, lo sé, lo acepto, y me arrepiento tan tardíamente, como sólo se arrepienten los que rompen ventanas, limpian polvo, se sacan sus chaquetas, en fin. Les veo a cuatro de todos estos 6 mil millones de humanos, felices, abrazados, besándose, venciendo a la muerte. Y cuan Rey Midas, muerta de sed. de hambre, soledad, porque toqué ambiciosa todo cuanto tenía ante mí sin pensar, yo sólo sentía y aprobaba, ¿me entienden?... y todos esos dos meses y medio a medio vivir, esperaba que pasara el día, no le degustaba como debí haber hecho, por respeto, esos días de trasnoche, de llamadas, de planes, de huidas, de respirar un aire con pulmones ajenos.

Y me encuentro sin paraguas, recibiendo lluvias mil; tan solo pasar por esta tierra, y a unas cuantas millas, las respuestas... me imagino qué será de ellos, de sus penas y sus dulces segundos, que de seguro hoy los viven a concho porque tienen en frente el motivo de vivir. Ni a medias por estas tierras, que se tendrán que acostumbrar a sentir mis pasos cansinos, arrastrando una valija llena de gotas de lluvia, la derrota al fin de una era, que debió ser hermosa, y sin embargo asusta.

Y.... ¿qué fue de lo que me quería hacer responsable? ¿cuál era el plan? Muchos de los míos luchan exitosamente contra la vida, logrando pensar, reflexionar, marcar cancha y sacudirse su parte más primitiva. Yo, que apenas logro arrancar de mi misma, sigo esperanzada en que ya va a pasar, ya se irá esta constante de pensar tardíamente, ya vendrán tiempos que sí sepa aprovechar oportunidades, respetar sensibilidades, vivir por vivir, que como dicen, de esta vida no hay otra, y en el sentir, tener en claro que primero yo, luego el mundo, porque de tanto dar, no alcancé a recibir nada. Aprender haciendo es tan riesgoso, como tentar entre un terrón de azúcar y uno de veneno. No volveré a transgredirles. Palabra de honor.

En esta ciudad, la de mi circunscrita conciencia, puede que sea verano... pero sigue con chuvascos....

 somos libres al escribir

viernes, 12 de noviembre de 2010

Te acordaste...

Pablo:

Te acordaste de la carta que ella te escribió hace mil años.
Te acordaste de las miles de bromas que te gastaba.
Te acordaste del mal humor que desperto en ti un dia, y que fue creciendo.
Te acordaste de lo rancios que llegaban a veces a ser juntos, y con amigos.
Te acordaste de lo que te dijo para que ya no fueran lo que eran.
Te acordaste de las peleas que te hacían poner triste.
Te acordaste de hablar de ella al psicólogo, al médico, a tu mamá, a tu hermana, a tus amigos.
Te acordaste de llorarla mucho, con mucha pena.
Te acordaste de vencer tus trancas sobre ella.
Te acordaste de compararla con muchas anteriores.
Te acordaste de hacerla vivir cada vez que estábamos juntos.

Y así, me olvidaste sin haberte acordado de mi ni un sólo mommento....

atte,

Cecilia.-

Santa Fé de Bogotá, Colombia. 1989

somos libres al escribir

martes, 26 de enero de 2010

Esto es abuso al 100%


se la saqué a una amiga, porque realmente no lo puedo creer...
qué desgraciados...


somos libres al escribir