viernes, 15 de diciembre de 2006

Innecesarios

Pubertad(Edvard Munch)
No sé olvidar. De hecho, ni siquiera creo que sepa mantener los ojos abiertos. Y no llorar. Me siento seca, y el tiempo se encuentra un poco atascado en mi pecho. No sé amar como antes, quizá sí, de verdad, mataron lo poco que crecia aquí...
No está bien no saber olvidar, ni perdonar, ni hacer regresión. No está bien. Quisiera decir lo correcto, en este instante el atardecer me ha dado la bienvenida, y a otros ya llegó la noche y sus insomnios momentáneos. Recuerdo haber odiado tanto, que el otoño vino para quedarse. Ese odio venía como un extraño que recién conforma un grupo. Se sintió mi recelo a kilómetros de aquí, casi irradiando al cuadrado que por entonces observaba lo que sucedía en mi intimidad.
{Señor omnipotente, que señalaste tú los caminos a las cumbres, que abres mares, transformas un día en un respiro, y un segundo en siglos de siglos; que derramaste en nuestra cabeza el óleo santo de la misión, que de cuya luz no puedo huír, pero agacho la mirada. Señor mío, Señor de la gente, Señor del mundo, Señor de éste y todos los universos...}{Hasme sentir el abismo antes de caer, señálame los ojos de quien nos mira, que miremos a nuestra mano izquierda controlando loa actos de la diestra, y que la diestra controle a la izquierda. Que mi boca no merda los besos ajenos. Que de mis puños florezcan caricias, que de mis pies se aparte el sendero de la mentira}
Recuerdo haber deseado mal, y se logró. Y me arrepiento. Recuerdo haber tendido trampas, y cayó la gente. Y me dolió todo el cuerpo al verles.
Y eso me demuestra la naturaleza de mis actos.
O son mal intencionados y fraguan en hechos. O comienzan con buenas intenciones, y acaban dañando.
Pero de algo me aferraré y pondré las manos al horno. No puedo hacer de mala sin sufrir